domingo, 6 de diciembre de 2015


Entrevista sobre la situación cultural en Panamá diciembre2015

ARISTIDES UREÑA RAMOS es entrevistado por Daniel Domínguez

-ENTREVISTA COMPLETA-

 


  Este año te involucraste con una muestra itinerante de tu propia exposición, ¿qué aprendiste cuando pasaste a ser promotor y organizador cultural en un país como Panamá?
     Aprendí que existe un grande interés de las personas, a nivel personal, una matriz social pronta a ser fecundada, un interior de la república hambrienta de nuevas propuestas, una juventud esperanzada a debatir temas como ecología, biodiversidad, identidad, contemporaneidad.

 -En esa labor de llevar tu obra por diversas provincias, ¿qué retos debiste sortear?

Esta iniciativa fue un reto para muchos de mis colaboradores y patrocinadores, un grande esfuerzo a nivel económico, pero que agrego –para la sorpresa de todos- muchos sectores que nada tenían que compartir con la cultura.
Llevar una exposición itinerante por todo el interior del país, que cuente con talleres para niños y adolescentes, charlas, conferencias y debates abiertos es un esfuerzo organizativo que consume fuerzas operativas y fatigas incalculables, pero existe una grande necesidad que premia ese extenuante esfuerzo, la formación de las nuevas generaciones.

 
 -En lo artístico, ¿qué planeas tienes para el 2016?
Encontrarme en Panamá ha dado una nueva ninfa creativa a mis obras, pues mis últimos trabajos se han abiertos a nuevos proyectos que aspiro a desarrollar con más atención, este nuevo año sumergido en mi terruño trataré de consolidar mi utopía artística: descifrando ese dilema que.....
" también nosotros podemos aportar a lo nuestro dentro la cultura universal", en eso estamos, esa es nuestra meta.
También tenemos en programa varios proyectos para el 2016 que seguramente sorprenderán, dejo a la expectativa a todos, debido a que este nuevo año tendré que desarrollar mis programas en el continente americano.
 
-En tu obra siempre hay una preocupación por el rescate de la memoria histórica, ¿piensas que la comunidad artística nacional y la sociedad panameña también tienen un fuerte arraigo por la memoria histórica?

En los últimos años vemos una mayor preocupación hacia este tema, ya están lejos aquellos periodos iniciales entorno a los años 1980 en los cuales, pocos intelectuales panameños insistíamos por revindicar una cultura participativa que enfocara con más atención  nuestro proceso histórico e identidad de nación, voces que no eran escuchadas por una generalizada apatía.
Hoy día, ya es debate y preocupación para una larga mayoría de panameños sensibles a tal tema, se está formando un criterio más  dividido, una sociedad civil más consciente que pretende rescatar tales derechos. Aunque si la respuesta a este llamado todavía cuesta para que sea unánime.
Nuestra memoria histórica hace parte de nuestra identidad, que a su vez la fortalece y sirve para construir ciudadanos conscientes de su herencia, en ausencia de esta consciencia  somos víctimas abandonadas a  criterios fútiles que debilitan el fortalecimiento del patrimonio cultural de nuestra nación.

 -En tus visitas a las escuelas de bellas artes del interior del país y de la ciudad, ¿cómo encontraste la formación del personal docente y el nivel de sus alumnos?

 Desgraciadamente todos somos consiente del gran drama que viven la educación artística en Panamá,  hemos abandonado la actitud hacia la búsqueda de la excelencia en las artes, sobre todo en las expresiones contemporáneas, la educación mira confusamente a una pobre preparación técnica ejecutiva, sin abrirse a las nuevas novedades tanto metodológicas como pedagógicas.
 
No existe un enfoque uniformado u orientación general, todo viene dejado a la interpretación personal del cuerpo docente, bajo viejos esquemas obsoletos nunca actualizados, a esto se suma una precariedad en los espacios ocupados, edificios en condiciones de abandono, un entorno de desidia que no ayuda a tan difícil tarea didáctica.
Nuestro país cuenta con una generación de jóvenes talentosos abandonados a irresponsabilidades gubernamentales, víctimas de la ausencia de políticas renovadoras en el campo de la educación artísticas. Son dos décadas educativas perdidas, las cuales aumentan siempre dramáticamente en las áreas de las expresiones artísticas, la meritocracia educativa es quimera  inalcanzable y la deriva del perfeccionamiento académico del docente meta inaccesible.

 -¿Piensas que los nuevos movimientos del arte contemporáneo que ocurre en otras partes del mundo están presente en las inquietudes de nuestros artistas y en la sociedad?

 No están presentes en nuestra sociedad, solo encontramos algunos  artistas solitarios e intentos  no escuchados. Pocos en verdad que logran estar al paso de las novedades internacionales.
Existe una pseudo- cultura que pretende ser elite iluminada en Panamá, que desconoce que es una buena performances artística, un video art, no sabe distinguir una instalación, repudia las manifestaciones contemporánea con la quimera ilusoria de un arte decorativo y conformista.

Existen pocas instituciones culturales volcadas a las expresiones contemporáneas, ellas declinan en su tarea de abrir a la comprensión de todas las nuevas novedades artísticas, una sociedad no estimulada al conocimiento creativo no desarrolla su visión global del pensamiento cultural de la humanidad, desconocer la fuerza creativa de sus entornos, hace ciega nuestra marcha en el crecimiento colectivo hacia una alta intelectualidad.


 

domingo, 15 de noviembre de 2015

Francia Faro de contradicciones ARISTIDES UREÑA RAMOS


Francia: Faro de luz del contradictorio mundo actual.

De ARISTIDES UREÑA RAMOS
Panamá 14 de noviembre 2015

     Los últimos deplorables acontecimientos que han sacudido la capital francesa, deben ser comprendidos dentro de una luz más cruda y lúcida, aunque resulte difícil hacerlo delante de una barbaridad inaudita en cuanto a las víctimas, que son vidas inocentes encajadas en coyunturas incomprensibles, frutos de las evoluciones y cambios preocupantes para muchos de nosotros.

El desmantelamiento de “las democracias” del área mediterránea, ha sido una inesperada realidad que nos ha tenido atentos, afanados en comprender las motivaciones de tal fenómeno.

A decir la verdad, dentro de nosotros viajaba una duda en busca de certeza, de que una  guerra a nivel mundial exista y las modalidades con las cuales se está desarrollando, nada tienen que compartir con  los viejos esquemas de las dos pasadas guerras mundiales.

Pues ni siquiera podemos usar el léxico MUNDIAL, ya que los territorios y las reparticiones de ellas, comportan tácticas dirigidas a la desestabilización de los gobiernos o dictaduras, colocadas en zonas de intereses energéticos y estratégicos, irrenunciables a las mastodónticas exigencias de las potencias súper desarrolladas.

Como si al oscuro de la opinión pública se construyera un nuevo orden económico a través de estrategias y tensiones, sin involucrar directamente al propio territorio. Del otro lado de dichas potencias, donde las riquezas estratégicas eran potencialidades de desarrollo económico para pobres lejanos países, hoy son ejes importantes para el impulso de las cansadas economías. Por eso la necesidad de gobernarlas directamente,

En el proceso de desestabilización del área Mediterránea y del  Medio Oriente las profundas históricas divisiones culturares y religiosas han sido el pernio resolutivo que ha permitido con mucha facilidad el polvorín, tumba destructiva de dichas zonas; esas divisiones ancestrales han sido el arma letal que ha facilitado a las súper potencias la tan difícil tarea.

Vemos como aseguradas “democracias”, que anteriormente cumplían dentro del orden mundial las garantías necesarias a los intereses globalizados, ejerciendo políticas acordadas para los serenos desenvolvimientos de una “paz concertada”, entre ellos la dictadura democrática de Hosni Mubarak en Egipto, del musulmán sunní Muhammad Kadhafi en Libia, del destruido Líbano, al sofisticado estado Israel, hasta la segura Siria de Bashar Al Assad desmembrarse ante las divisiones internas donde el fundamentalismo religioso pareciera ser cáncer incontrolable y alimentado por precisos intereses. Al mismo tiempo, los trágicos desenvolvimientos del desastre Irán e Irak, y de la zonas estratégicas subsahariana del áfrica, todas ellas sutilmente coligadas en un único interés devastador y tristemente catastrófico.

La atención hoy día viene llamada sobre la ambigua organización Isis, peligrosa estructura usada para instrumentalizar el fanatismo religioso que, desde sus inquietantes orígenes, nos siembran turbadas inquietudes (hay una vasta literatura a disposición para los no eruditas en el tema, buscar en internet: ¿Qué es el Isis?) sostenidas y actualmente enclavadas en la dividida Siria, que controla la mayor riqueza petrolífera de esa zona fronteriza del estado islámico de Irak, lugar de procedencia (al parecer) de los atentados en Francia.

Más allá de las simples retóricas, de los cómodos abanderamientos, de las ligeras incitaciones partidarias, es fundamental abrirnos luz de frente a estas terribles situaciones actuales, para ocupar con nuestros gestos y reflexiones aquellos derechos fundamentales e irrenunciables, como lo son el derecho a la vida, a la protección de un Estado estable, a la condivisión del derecho soberano del territorio, a la protectora concepción que dona la paz a todos los pueblos, al desarrollo del diálogo en igual condición, para evitar aquellos extremismos que traen muerte y luto a las familias.

Bajo estos conceptos de “Derecho a la vida”, siento a las víctimas de los atentados en Francia, como un profundo dolor que me toca cercanamente, como también todas las victimas de aquellas zonas ultrajadas por los intereses ajenos, ayer y hoy, en la zona del mediterráneo y medio oriente, porque la vida de personas inocentes no son efectos colaterales a los brutales intereses y estrategias oscuras de lo más potentes.